
Estaba escrito por un ser del tamaño de un dedal, en una hojita de laurel variedad enano. Cuando lo recibí, me pareció una mota de polvo y soplé sin pensar. Pero no se movió. Hay palabras que pesan más que nuestras intenciones. El paquete adjunto era una lupa de aumento sesenta y ocho.
El mismo número de palabras que contenía el microrrelato.
Me encantó leer tanto en tan pocas letras. Fantástico.
ResponderSuprimirUy, ¡me encantó! Te habría quedado redondo si el microrrelato tuviese esas sesenta y ocho palabras de las que hablas...jijiji.
ResponderSuprimirUn saludo!
que lindos microrelatos!!!
ResponderSuprimirQue lindo, que lindo esto, me encanta. Juegas con mi cabeza y yo sigo bailando en tus textos.
ResponderSuprimirUn beso.
Luis, muchas gracias, suelo ser breve aunque no descarto extenderme en algún relato.
ResponderSuprimirAcuatica...igual me tengo que comprar un abaco para aprender a contar...yo conté esas 68 palabras...
Venus, bienvenida, y gracias
Camila los juegos de palabras siempre hacen bailar los sognificados (al menos), un saludo
genial, como otros que leído por aquí.
ResponderSuprimirGracias Daniel
ResponderSuprimirEste no lo había leído, y es de hace tiempo, muy bueno.
ResponderSuprimirYa cuando le leí en el vendaval de micros me gustó, muy bueno
ResponderSuprimirEl dedal, la hojita de laurel... lleno de detalles deliciosos. Enhorabuena.
ResponderSuprimirQué maravilla de micro! Es buenísimo.
ResponderSuprimirRealmente bueno.
ResponderSuprimirTe felicito.