Con lo que yo no contaba es que el Parque del Retiro está en Madrid, y yo, vivo en Cuenca.De eso me percaté tras salir del ensimismamiento al que ese hombre me tenía sometida.
"Bueno...tendré que coger unos días, al fin y al cabo llevo todo el verano currando, viendo cómo mis compañeras relatan aventuras y desventuras por los rincones más bellos del planeta".- pensé. Y ya puestos me cogí catorce días.
Cuando anuncié que me iba de “vacaciones” todos quedaron perplejos, mientras la duda asomaba a sus ojos. Tras tres años sin vacaciones ( si, ya se que es ilegal) aquello les resultaba un despropósito, un insulto a la rutina, a esa rutina a la que me había aferrado como un naufrago a un trozo de madera astillada. Un naufrago que ahora se aferraba a una voz desconocida, que astillaba el orden de sus días.
Tomé el tren Cuenca- Madrid (Atocha), y en unas dos horas y pico, llegué a la ciudad que nunca duerme. Compré un mapa con las coloridas líneas (siempre las líneas...) de metro, y me lancé a la aventura que para una chica de provincias supone moverse por la capital.
Si alguien de Madrid está leyendo esto, pensará que soy una paleta. Lo reconozco, me oriento fatal, y tiendo a coger los autobuses en el sentido equivocado, y por supuesto, con el metro me pasó lo mismo.
Así que llegué...tarde.
Lo cual tuvo un efecto secundario de primera: aquel hombre ciego de amor, se cegó aún más por la tardanza, por el desespero que larvó al comprobar que existía la posibilidad de que su amada ( que no era yo, si no Rosa), no acudiera a la cita, para comenzar una nueva vida. Y ciego de amor no se dió cuenta de que yo era otra.
El cómo lo reconocí, fue gracias al móvil. Hice una llamada y me contestó. ¿Dónde estás?.
En un parque...perdida.- dije yo.
Aquello le sonó a provocación y me siguió el juego exhausto de deseo. Cuando nos encontramos se abalanzó sobre mi como perro que arresta una presa ansiada, pero con la delicadeza que sólo la pérdida de alguien nos entrega.
Por un absurdo instinto de supervivencia emocional, le aparté suavemente mientras le decía que teníamos que hablar.
Odio esa frase, porque en el fondo, soy mujer de pocas palabras. No me hubiera costado esfuerzo alguno pasar de los prolegómenos y aterrizar en sus brazos (que por cierto presentaban una musculatura bien formada, sin resultar exagerada) .
Pero la curiosidad pudo conmigo, y me salió la maldita frase de tenemos que hablar, ésa que tanto asusta a los hombres, porque saben que tras ella se oculta un reproche, porque saben que cuando una mujer dice eso, están acorralados, entre lo que son y lo que deberían ser.
Pero aquel hombre estaba tan enamorado de Rosa, que me cogió la mano con ternura y me tendió un manto de palabras donde me cobijé del desconcierto que toda aquella situación me provocaba.
Viene del post: Una perdida
Este post está dedicado a Anita, a Claudia, a Belén, a Patricia y a Maite, por haberse quedado con ganas de leer más. Y va dedicado tambien a todos los que leísteis y comentasteis "UNA PERDIDA", porque me animó a continuar esta historia.
ResponderSuprimirY a tod@s los que una piensan que "una voz, dice más que mil palabras"
Gracias Anónima ¿tanto se parecía a Rosa nuestra protagonista? Me gusta la definición de la frase "tenemos que hablar", qué mujeres somos a veces!
ResponderSuprimirUn abrazo grande grande
Pues a tu pregunta decirte que eso lo descubre una vez llega al apartamento del tipo...pero supongo que estoy adelantando acontecimientos.
ResponderSuprimirSi, qué mujeres somos!
Que frase mas ignominiosa. Tenemos que hablar. Y ella, muy fina, sin aclararlo. En fín, tanto tiempo sin vacaciones... Tanto tiempo sin relaciones. Mira, compañerina, deja a ese con su Rosa y vente con mua... Yo tengo la voz bonita. Eso sí, no soy muy musculoso.
ResponderSuprimirEstas perdidas por fascículos me tienen entregada Anónima, sigo esperando el siguiente paso, a qué se dedica, qué quiere en realidad, a dónde quiere llegar, es bueno, es malo...ay, yo si que estoy perdida!!! Fenomenalmente trasladado al papel la complejidad intrínseca que padecemos muchas veces las mujeres...y los hombres.
ResponderSuprimirManuel, puedo proponerselo a Ana (la protagonista), y ya vosotros os apañais. Jejej...hay por aquí muchas voces irresistibles...
ResponderSuprimirBueno Maite,pues ya tengo medio hilada la tercera entrega, esto al final, aunque la trama no tiene nada que ver, va a parecer "Ama Rosa",bueno no "Ana Rosa".
ResponderSuprimirSaludines
Anónima ¿será este el primer micro-relato-culebrón? Espero ansiosa el próximo capítulo... aunque quedaría mejor después de comer, para leerlo antes de cabecear una pequeña siesta, claro que coincidiría con "Amar en tiempos revueltos"... ¡Tenemos que hablar! ja ja
ResponderSuprimirUn abrazo Ama Rosa
¿Hay más? ¿hay más?
ResponderSuprimirjajajaja, venga, venga, que yo tambien me estoy enganchando al micro-relato-culebrón... seré marujo! jajaja
ResponderSuprimirDe paso, y con permiso de Anónima (que no se lo he pedido...) os invito a leer otro micro-relato-culebrón que escribí hace muuuuucho tiempo...(mucho antes de publicarlo en el blog) Está en tres partes, a ver si os gusta, aunque no creo que enganche como este, jeje):
SENSACIONES - 1.-La Despedida.
SENSACIONES - 2.-El Comienzo.
SENSACIONES - 3.-Momentos.
Anita, hablamos y llegamos a un acuerdo. Lo que es seguro es que esta historia continua, jajaj, me lo estoy pasando genial escribiéndola. Abrazos de culebrón.
ResponderSuprimirSu, si, si en breve la pobre mujer reescribe su destino
Gotzon, gracias por dejarnos los enlaces a tu "culebrón" que he leido está fenomenal!
Desde luego el Retiro es un sitio ideal para dejarse caer en brazos de alguien. Eso de ponerse a hablar en el último momento no es lo más aconsejable.
ResponderSuprimirP.D. Acabo de enterarme de que somos paisanos. Ya decía yo que tanto talento tenía un porqué.
Saludos
"...están acorralados, entre lo que son y lo que deberían ser."
ResponderSuprimirMi sombrero, insisto (es que Anita me devolvió uno ayer...)
voy a por la tercera parte, que voy con retraso. Joé... no da uno a basto. ¿Aquí no trabaja nadie?
Solía tomar los trenes al revés... no sé en España, pero acá no concuerdan con las manos de las calles, están al revés, será porque los primeros trenes en llegar al país los construyeron los ingleses, no sé... pero desde que lo pienso así ya no me equivoco más... jaja
ResponderSuprimirOdio ese "tenemos que hablar" siempre significa que no estaremos de acuerdo o que hay que dar alguna explicación por algo dicho o hecho... ya me cansé de eso... no siempre hay que estar de acuerdo en todo... quiero vivir sin tener que dar explicaciones...
También yo me quedé con ganas de más...
Voy a leer el siguiente capítulo... ni me imagino qué sucederá...
Uff para mi el infierno debe parecerse a Madrid. renuncio muuucho a sus cosas buenas, que las hay, por no sufrir su rutina y es sensación de no poder relajarte con nada ni nadie.
ResponderSuprimirEs que yo vivo en Zamora y eso si que son provincias.
Sigo leyendo intrigado.
Enlazo tu relato a otro mío en los jardines. Espero que no te importe. Saludillos enganchados a esta historia.
ResponderSuprimirPuck, no me importa es más me halaga. Gracias.
ResponderSuprimirSi, Cyb. Madrid es de vértigo...
Reina si es que esto ingleses...