Siempre que suena el móvil empiezo a buscarlo por el bolso de una manera errónea. Lo se, porque nunca lo encuentro. Eso de guiarme por el sonido no es mi fuerte y el bolso está demasiado oscuro y es lo suficientemente angosto como para intuir si la luz viene de un lado u otro. Cuando al fin lo tengo entre mis manos yace inerte, o sea, sin luz, ni sonido y su epitafio reza: 1 llamada perdida.Lo cierto es que no suelo devolver las llamadas perdidas, lo cual me pesa porque me suelo llevar más de una reprimenda, o me tachan de dejada, o peor! piensan que no lo he cogido intencionadamente, cuando la culpa si la hay, es de mi bolso.
Sin embargo, aquella tarde lluviosa me decidí a rellamar.
Una voz de hombre irresistible me saludaba desde el otro lado de la línea (de la línea que separa lo conocido de lo desconocido), y antes de que yo pudiera decirle que tenía una llamada perdida de ese móvil, el hombre me había contado demasiadas cosas. Y además me había declarado su amor. Así sin conocerme de nada. Bueno se equivocó de nombre si, yo no soy Rosa, yo me llamo Ana, pero eso es lo de menos.
Además quise advertirle de que yo no era quien él pensaba, y le dije “yo no soy quien tu imaginas”, frase que él agarró en su doble sentido, y como si agarrase mis caderas, puso mayor entonación en un “te echo de menos”. Y aquello sonó irresistible.
A los dos días volvió a llamar. Esta vez y llevada por la ilusión de reconocer en ese número al hombre irresistible, me di una prisa de espanto, y lo descolgué en el último tono. Se que era el último tono antes de colgar porque tengo cronometrado el número de vibraciones traducidas en paciencia ajena, antes de colgar.
Me armé de valor y le dije: “te confundes conmigo”, y él me dijo “me encanta cuando te pones interesante”. Lo dijo de una manera que hasta la gran esfinge de las pirámides hubiera sucumbido a sus encantos. Así que lo dejé hablar.
A la semana, llamó de nuevo. Se había creado mucha complicidad entre nosotros, y además ese hombre comenzaba a gustarme. Bueno, su voz al menos. Pero no quiero engañar a nadie, así que aproveché un segundo de silencio para decirle: “por favor, no me llames más”. El recobró el aliento, y susurrante me dijo: “hemos pasado por cosas peores antes y las hemos superado”.
Si, pero es que yo no te conozco dije
¿Tanto he cambiado amor?, me dijo, con voz de arrullo y súplica. Sólo fue una aventura, quiero vivir el resto de mi vida contigo, además tú ahora, después de lo que pasó, me pareces una mujer nueva, tu voz, sabes nunca había parado a pensar en el dulce tono de tu voz...
Si, es que soy otra.
Pues empecemos de nuevo mi amor, dijo él.
Hoy hemos quedado a las cinco en el Parque del Retiro, para empezar una nueva vida.
Precioso, Anónima... profundamente sugerente, sensual. Me ha hecho removerme en mi silla.
ResponderSuprimir"...como si agarrase mis caderas..."
También interesante lo que planteas sobre los móviles. La gente parece haber asumido que estamos obligados a contestar todas las llamadas, por perdidas que sean, en cualquier momento, en cualquier situación (las compañías telefónicas... felices). Yo hace años decidí liberarme de semejante esclavitud. Contesto poco el teléfono, menos de lo imprescindible. También mi gente se me enfada. No me entienden... ni modo.
Me gustas mucho... mucho. Con tanto talento suelto me estoy quedando sin sombreros...
Un beso de miércoles.
Es que hay voces que dan pie a empezar nuevas vidas!
ResponderSuprimirEste relato dan ganas de seguir leyéndolo, saber lo que pasa hoy en el Retiro... ¿nos lo contarás?
Abrazos
Jajaj Kum me hace gracia eso de que te estás quedando sin sombreros.
ResponderSuprimirAnita, por supuesto un día de estos sigo con el relato.
Abrazos
Qué bien Anónima! muy buena historia y sí que dan ganas de saber cómo sigue.
ResponderSuprimirSaludos!
Pues, Claudia, lo dicho, continuará...
ResponderSuprimirMe uno al sentimiento general: dan ganas de saber más!! :o)
ResponderSuprimirMe ha encantado, Anónima.
Un abrazo.
Me encantó, es una historia muy bien llevada y a buen termino, me mantuvo pegado desde el inicio hasta el final. Felicidades Anónima!
ResponderSuprimirCoincido absolutamente a lo dicho por mis compañeros, como no puedo decir más ni mejor, a ellos me remito.
ResponderSuprimirSaludos cordiales
Si el no lo quiere entender para que contradecirle. ¡Al ataqueeeeerrrrr! No está la cosa para perdonar vidas.
ResponderSuprimirCuidado con lo que imaginamos detrás de una voz. El locutor de "La Gramola" de M80 siempre decía "si la voz de la radio te enamora, no te pases por la emisora". Saludillos
ResponderSuprimirCuando terminé de leer sonó mi teléfono y me sobresalté pensando que podía ser él....!!! pero tendría que decirle que no... ya quedó contigo... :(
ResponderSuprimirHermoso relato... desde la primera hasta la última letra....!!!
Buenísimo, de lo mejorcito que te he leído ultimamente. Creas submundos increibles, desde el interior del propio bolso, al de la vida anónima de los interlocutores. Felicidades, a todos nos has dejado con la intriga de qué pasará. Un fuerte abrazo.
ResponderSuprimirMe apunto la táctica de ese señor. Por si las moscas... jeje
ResponderSuprimirQue maravilla. Nunca se sabe en que momento te puede cambiar la vida. Yo por si las moscas, tendré el móvil a mano...
ResponderSuprimirBesos
Creo que no volvere a dejar llamadas sin contestar... aunque nunca encuentre mi tel!!!
ResponderSuprimirwowww anónima, que bello misterio telefónico. Lo que puede hacer una voz hablándole a uno al oído no? y sobre todo cuando amorosamente y seductoramente no acepta un negativa.
ResponderSuprimirExcelente, me encantó.
Un beso grandote!!!
Muy bueno. Saludos.
ResponderSuprimirBelén pues ahí va!
ResponderSuprimirJuan, bien!
Saludos para ti tambien Patricia, y gracias por pasar.
Manuel, se lo diré a la protagonista, que se anime que total son dos días, y si uno lo pasas asi de bien acompañada pues eso que te llevas.
Gracias Maite, lo de lo submundos es una especie de defecto literario mio, de los cuales suelo huir para no quedar en el submundo. Un abrazo.
Jejej Alberto eso me hace suponer que tienes una voz irresistible no?, jajaj a ver si el hombre este se va a llamar Alberto!
Su el mundo de las llamadas perdidas equivocadas puede dar mucho juego. Un abrazo Su.
Rosio, jaja veo que a ti te pasa lo mismo con el bolso.
Beatriz, gracias por tus letras.
Mateo gracias
Puck muy bueno eso que cuentas, y a demás serña verdad lo de la voz
ResponderSuprimirReina tal vez este señor tenga voz para varias :-))
ResponderSuprimirLa culpa es del bolso... Llevad bolsos normales y cosas necesarias!!! jajaja
ResponderSuprimirEl relato genial, sigo leyendolo.